La proporcionalidad y razonabilidad entre la sanción y la falta grave atribuida en despidos fraudulentos como garantía de derechos fundamentales del trabajador
Fecha
2026-04-24Autor
Marcenaro Pinedo, Isabel Cristina
Metadatos
Mostrar el registro completo del ítemResumen
Esta investigación que se ha titulado como “La proporcionalidad y
razonabilidad entre la sanción y la falta grave atribuida en despidos
fraudulentos como garantía de derechos fundamentales del trabajador”, ha
logrado determinar sobre tales principios que son límites materiales
obligatorios al poder disciplinario del empleador, así, el despido solo se
legitima cuando existe justificación suficiente de hechos acreditados,
tipicidad, gravedad real, finalidad legítima, necesidad de la sanción máxima
y ausencia de alternativas menos lesivas, con motivación coherente. En esa
línea, el despido fraudulento expresa arbitrariedad y desviación de poder,
afectando el derecho al trabajo, la dignidad, el debido procedimiento y la
tutela efectiva, por lo que exige control judicial y remedios para neutralizar
el fraude y restituir derechos. Asimismo, la protección se torna más efectiva
cuando el juez integra veracidad, racionalidad probatoria y el test de
proporcionalidad/razonabilidad; si el análisis se reduce a subsunción formal
o a exigir ánimo perverso, la tutela se vuelve desigual, formalista y favorece
la discrecionalidad empresarial. Finalmente, la positivización del despido
fraudulento en la regulación resulta conveniente para superar la dispersión
jurisprudencial, elevar la previsibilidad y fijar un concepto operativo que
abarque imputaciones falsas o artificiosas, desproporcionadas o irrazonables,
con motivación reforzada y congruencia probatoria, privilegiando la
reposición como garantía del derecho al trabajo. This research, entitled “Proportionality and Reasonableness Between
Sanction and Serious Misconduct Attributed in Fraudulent Dismissals as a
Guarantee of Fundamental Workers’ Rights,” has established that these
principles constitute mandatory material limits on the employer’s disciplinary
power. Thus, dismissal is only legitimate when there is sufficient justification
based on proven facts, the offense is clearly defined, the actual severity of the
offense is evident, the purpose is legitimate, the maximum sanction is
necessary, and there are no less harmful alternatives, all with coherent
justification. In this regard, fraudulent dismissal expresses arbitrariness and
abuse of power, affecting the right to work, dignity, due process, and effective
legal protection. Therefore, it requires judicial oversight and remedies to
neutralize the fraud and restore rights. Furthermore, protection becomes more
effective when the judge integrates veracity, evidentiary rationality, and the
proportionality/reasonableness test. If the analysis is reduced to formal
subsumption or requiring malicious intent, the protection becomes unequal,
formalistic, and favors employer discretion. Finally, codifying fraudulent
dismissal in the regulations is advisable to overcome jurisprudential
fragmentation, increase predictability, and establish an operational concept
that encompasses false or contrived, disproportionate, or unreasonable
accusations, with reinforced justification and evidentiary consistency,
prioritizing reinstatement as a guarantee of the right to work.
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- Derecho [482]







